Glecex desarrolla desde el CITI aditivos naturales para cosmética

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En enero quieren poner sobre la mesa algo importante, un catálogo de principios activos de productos naturales que le aporten veracidad y calidad al mundo de la cosmética occidental. Para ello se afanan entre aparatos de última tecnología y una colección de raíces, semillas y cortezas que invaden su laboratorio de la Tecnópole con el sabor ancestral del África occidental.
 
Tratando de arrancar la esencia antioxidante, antifúngica, antibacteriana y regenerante de todos esos productos que los senegaleses venden en sus mercadillos y utilizan en sus hospitales, Enma Conde Piñeiro y José Manuel López Vilariño son dos de las caras del proyecto Cosmetinnova.

Su objetivo general es el diseño de herramientas tecnológicas para facilitar el empleo de extractos naturales que permitan elaborar nuevos productos cosméticos sin ingredientes químicos y sin verdades a medias. “Un estudio de la OCU -explica Vilariño- dice que más del 90% de las cosas que se dicen en los productos cosméticos no son ciertas. La tendencia es evitar lo químico y buscar productos naturales y ecológicos, por eso pensamos que hay una demanda clara para nuestro trabajo. Vamos a avalar científicamente los efectos porque buscamos un producto de alta calidad. La idea es que salga algo relevante. Ya hemos contactado con empresas comercializadoras para que nos presenten en el mercado internacional”.

En el catálogo que verá la luz a principios del 2015, los dos empresarios de Glecex presentarán el resultado de sus investigaciones: “La gente está más acostumbrada a ver este trabajo en el sector sanitario, pero también se hace, como nosotros, para el cosmético o el alimentario. Queremos sacar varios principios activos con las correspondientes pruebas de laboratorio. Hemos apostado por un laboratorio pequeño pero con muy buenos equipos de investigación. Es otro enfoque”.

Químico e ingeniera están centrados en las mezclas de extractos con gran capacidad regenerante y para ello manejan productos naturales de lugares tan exóticos como Senegal, la India, Perú o Japón. “Ahora pensamos en la aplicación en cosmética y, en el futuro, en farmacia. Queda mucho campo, queda todo el campo, en realidad, a juzgar por el estudio de la OCU”.

Con visión de futuro, los investigadores quieren superar lo concreto: “En cosmética, por la influencia de las modas, todo varía a mucha velocidad. Por eso, si te enfocas a desarrollar un producto, igual está fuera del mercado en seis meses. Lo que pretendemos es desarrollar un procedimiento de trabajo que sea válido para distintos productos”.

En el campo de la alimentación, Glecex experimenta ya el aprovechamiento de un residuo de la cerveza -por cuya retirada las empresas tienen que pagar- y que puede sustituir a un aditivo sintético. Además, buscan extractos naturales con actividad antimicrobiana y antifúngica para sustituir aditivos químicos.

Primera marca del CITI

Una de las razones por las que el CITI (Centro de Investigación, Transferencia e Innovación) del campus de Ourense se ubicó en el Parque Tecnolóxico de Galicia fue propiciar la inmersión en el mundo real, en el mercado. Por eso uno de sus objetivos, explica su director, Antón Vila, sigue siendo abrirse al mundo empresarial.

Glecex es la primera firma que asienta su sede en uno de los cuatro cilindros que identifican arquitectónicamente al CITI. “Barajamos ésta y otras posibilidades más tradicionales”, explica Vilariño, uno de los socios de la empresa. “Buscábamos un nivel intenso de investigación y en el CITI teníamos los medios y los grupos de investigación de la Universidad al lado. Nosotros, como conocemos la Universidad, porque hemos salido de ella, sabemos lo que es capaz de dar y lo aprovechamos. Posiblementre otra gente no es capaz de sacar todo lo posible”.

Glecex ha alquilado un laboratorio de Química y tiene acceso a la planta piloto con una tarifa de uso prefijada. Económicamente compensa, explica Enma Conde, aunque tiene ventajas e inconvenientes: “En una nave tradicional tendríamos más espacio pero tendríamos que acondicionarla. Aquí empezamos desde cero y ya tenemos algo con una inversión inicial lo más reducida posible. El problema puede ser el espacio pero... ¡Ojalá se nos quede pequeño!”.

Para la Universidad, explica Antón Vila, esta relación es interesante: “Al final, quienes  montan estas empresas son investigadores y es una manera de profesionalizar esa parte del trabajo, pero en colaboración con los compañeros. Espero que haya más casos así”. El CITI, detalla, dispone de nueve laboratorios del ámbito científico y de informática, además de una planta piloto.

(Fuente: La Voz de Galicia)